lunes, 26 de abril de 2010

CEREMONIAL y PROTOCOLO de LEONARDO da VINCI




La semana pasada, estuvimos muy activos en los Centros. El martes en C. Varela elaboramos clásicos budines ingleses (un budincito pequeño para cada persona) y un dulce de papa, manjar blanco, canela y chocolate blanco.


Hay muchas fotos, cuando las reciba las subiremos junto a las recetas.
En cuanto a los Centros Saraza y Hornos, degustamos varias docenas de panes rellenos con salchichas tipo frankfurt y otras de jamón y queso, dentro de una masa de chips (receta que ya subiremos al blog) y aprovechando el comienzo de los días fríos una sopa crema de zapallo.

Sobre el final leimos algunos unos capìtulos del libro: "Los apuntes de cocina de Leonardo" de Editorial Abril.


En particular los que tratan sobre las conductas y el protocolo en la mesa cuando Da' Vinci era Maestro de Banquetes en la Corte de Ludovico Sforza (El moro), el Duque de Milán.


De las conductas indecorosas en la mesa de mi Señor

  • Ningún invitado ha de sentarse sobre la mesa, ni de espaldas a la mesa, ni sobre el regazo de cualquier otro invitado.
  • Tampoco ha de poner la pierna sobre la mesa.
  • Tampoco ha de sentarse bajo la mesa en ningún momento.
  • No debe poner la cabeza sobre el plato para comer.
  • No ha de tomar comida del plato de su vecino de mesa a menos que antes haya pedido su consentimiento.
  • No ha de poner trozos de su propia comida de aspecto desagradable o a medio masticar sobre el plato de sus vecinos sin antes preguntárselo.
  • No ha de enjugar su cuchillo en las vestiduras de su vecino de mesa.
  • Ni utilizar su cuchillo para hacer dibujos sobre la mesa.
  • No ha de limpiar su armadura en la mesa.
  • No ha de tomar la comida de la mesa y ponerlo en su bolso o faltriquera para comerla más tarde.
  • No ha de morder la fruta de la fuente de frutas y después retornar la fruta mordida a esa misma fuente.
  • No ha de escupir frente a él.
  • Ni tampoco de lado.
  • No ha de pellizcar ni golpear a su vecino de mesa.
  • No ha de hacer ruidos de bufidos ni se permitirá dar codazos.
  • No ha de poner los ojos en blanco ni poner caras horribles.
  • No a de poner el dedo en la nariz o en la oreja mientras está conversando.
  • No ha de hacer figuras modeladas, ni prender fuegos, ni adiestrarse en hacer nudos en la mesa (a menos que mi señor así se lo pida).
  • No ha de dejar sueltas sus aves en la mesa.
  • Ni tampoco serpientes ni escarabajos.
  • No ha de tocar el laúd o cualquier otro instrumento que pueda ir en perjuicio de su vecino de mesa (a menos que mi señor así se lo requiera).
  • No ha de cantar, ni hacer discursos, ni vociferar improperios ni tampoco proponer acertijos obscenos si está sentado junto a una dama.
  • No ha de conspirar en la mesa (a menos que lo haga con mi señor).
  • No ha de hacer insinuaciones impúdicas a los pajes de mi señor ni juguetear con sus cuerpos.
  • Tampoco ha de prender fuego a su compañero mientras permanezca en la mesa.
  • No ha de golpear a los sirvientes (a menos que sea en defensa propia).
  • Y si ha de vomitar, entonces debe abandonar la mesa.
  • Lo mismo si va a orinar.



Sobre la ubicación de los enfermos en la mesa de mi Señor

Aquellos invitados que sufran las enfermedades más terribles, con lo que me refiero no a la peste, si no a aquéllos con sífilis o escrófula, así como aquéllos que sufran enfermedades debilitantes o vergonzosas, y aquéllos otros cubiertos de pústulas y heridas abiertas, no han de ser sentados ( a menos que sean hijos de papas o sobrinos de cardenales) junto a mi señor, pero sí son compañía adecuada de las personas de menor rango y los notables extranjeros, entre los que se les puede designar un asiento.

A aquéllos aquejados de hipos y de abundantes ruidos en la nariz, los que padecen ataques y agitaciones nerviosas y aquéllos otros con delirios, también mi señor prefiere apartarlos de su compañía pues su conversación le resultaría fastidiosa. Por esta misma razón no deben ser ubicados frente a otro con el mismo problema, pues se daría un espectáculo grotesco cuando intentasen hablar entre sí, habrá, entonces, que mezclarlos con los miembros menos importantes de la corte.



Mas a los invitados con mordeduras, los enanos y jorobados, los lisiados, los que no pueden moverse a su voluntad y los que se ven en la necesidad de ser llevados a la mesa, así como los que tienen la cabeza hinchada o muy pequeña, mi señor los encuentra aceptables y las permite sentarse junto a él.

Respecto a aquéllos que sufren la peste, los sentaréis aparte, en una mesa solo para ellos que estará a la vista de mi señor ( pero no a su alcance, hecha de la madera mas vil para que después pueda quemarse, así como destruiros las vasijas en las que consumieron. Y los sirvientes que los atendieron deberán relevarse del servicio por una treintena de días, de forma que veréis si la peste los ataca, y luego, si no ha sido así, ya podrán reanudar sus tareas; mas si estuvieran aquejados de peste serán despedidos sin demora por el bien de los otros.




Sobre la ubicación correcta de los asesinos en la mesa de mi Señor


Si hay un asesinato planeado para la comida, entonces lo más decoroso es que el asesino tome asiento junto a aquel que será el objeto de su arte (y que se sitúe a la izquierda o a la derecha de esa persona dependerá del método del asesino), pues de esta forma no interrumpirá tanto la conversación si la realización de este hecho se limita a una zona pequeña (…)


La habilidad de un buen asesino estará en que nadie note su tarea, excepto su víctima.
Después de que el cadáver (y las manchas de sangre, de haberlas) haya sido retirado por los servidores, es costumbre que el asesino también se retire de la mesa, pues su presencia en ocasiones puede perturbar las digestiones de las personas que se encuentren sentadas a su lado…”


Un buen anfitrión tendrá siempre preparado un nuevo invitado que estará esperando afuera el momento de sentarse a la mesa.

Bon appétit






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